Como todo pensador independiente, y procedente de una gran tierra que aloja mi ser material llamada Argentina, tengo mi opinión formada acerca de lo ocurrido en nuestras elecciones de este año vigente (2011). Y tratano de ser lo mas objetivo posible, creo que...
Nadie dudaba. Esta vez, ni siquiera los escépticos. El prólogo se escribió el 14 de agosto. El escrutinio de la noche del 23 de octubre firmó un resultado contundente. Cristina Fernández de Kirchner fue reeligida presidentA de la República Argentina con un arrollador 54%. E hizo historia. ¿Cómo quedan los movimientos sociales ante este unanimismo?
El Kirchnerismo venció en nueve de las diez gobernaciones que se disputaban, ganó las intendencias en todos los distritos, excepto en tres, y obtuvo una sólida mayoría en el Congreso y en el Senado. Pero la historia de este sufragio la escribe también una oposición absolutamente diluida y dos sorpresas: Hermes Binner (Frente Amplio Progresista) que quedó en segundo lugar con un 17%, y Jorge Altamira (Frente de Izquierda y los Trabajadores) con un histórico 2,3% y una banca en el Congreso.
Más que espectadores
Estos son los cimientos sobre los que se sostiene el nueve escenario sociopolítico argentino, en el que se moverán las instituciones oficiales, los legisladores, los partidos, el gabinete que constituya el nuevo Gobierno, e, incluso, los medios de comunicación tradicionales, como voceros o como trincheras, quién sabe. Pero hay otros muchos que ya han expresado que no serán meros espectadores, que los próximos cuatro años estarán “demandando, exigiendo, luchando y creando poder popular”. Así lo ha expresado el FPDS (Frente Popular Darío Santillán), integrado por decenas de movimientos y grupos sociales de todo el país, junto con COMPA (Coordinadora de Organizaciones y Movimientos Populares de Argentina).
En un comunicado emitido los días previos a las elecciones, el FPDS y la COMPA hacen una lectura del panorama político que se vislumbra y su posicionamiento al respecto. Reconocen con satisfacción que lo que sí han expresado las urnas es un rechazo a los sectores políticos más conservadores e incluso que comparten las aspiraciones de muchos ciudadanos que han votado al oficialismo, en un empeño por desterrar cualquier posibilidad de una regresión al pasado, y en el deseo de contemplar una resolución a los problemas sociales más apremiantes. De la misma manera, manifiestan una valoración positiva de algunas políticas del oficialismo como la Asignación Universal por Hijo, la Ley de Medios o la estatización de las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones de Argentina.
Más allá del reconocimiento a las mencionadas políticas, el FPDS y la COMPA consideran que no se debe consolidar el modelo, sino cuestionar los pilares fundamentales: “No se puede avanzar en una sociedad más justa si sostenemos un modelo económico basado en los agronegocios, la primarización de la economía, la dependencia de las materias primas y una industria cuyo fin es la realización de ganancias extraordinarias para algunas multinacionales y las grandes empresas locales”. El trabajo precario y flexibilizado, la estructura tributaria regresiva, la ausencia de democracia sindical, la necesidad de la refundación de un sistema público de salud, una educación pública de calidad y la resolución del problema de la vivienda, son sus principales denuncias y reivindicaciones.
Concretar otras demandas
Ninguna otra opción, ni Hermes Binner, del Frente Amplio Progresista, ni Jorge Altamira, del Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT), ha contado con el apoyo explícito de los movimientos sociales, aunque sí se ha valorado la importancia de la presencia del FIT en el Congreso para “contribuir a concretar toda una serie de demandas compartidas como son el aumento del salario mínimo o el combate contra el trabajo precario y tercerizado”.
La Plaza de Mayo era una fiesta la noche del 23 de octubre. Centenares de banderas de distintos grupos (incluso de alguna formación comunista) ondeaban en una euforia colectiva mientras la presidentA se dirigía a la Nación. Cristina Fernández de Kirchner sabe que entre sus votantes cuenta con militantes de izquierda que le han dado su apoyo a la vez que le recuerdan que ese voto no es un cheque en blanco, más bien al contrario. Tal vez por este motivo, en su discurso, la presidentA electa celebró que los jóvenes volvieran a la Plaza de Mayo “a levantar banderas con alegría y no con odio” y les pidió que se “organicen en los frentes sociales, en los frentes estudiantiles, para defender la patria y los intereses de los más vulnerables y para que nadie les pueda arrebatar lo que se hemos conseguido”.
También Hermes Binner supo quién era el principal objetivo; por eso, una vez alcanzado el segundo puesto, convocó a los jóvenes que "están pidiendo un espacio para hacer y no solamente un espacio para militar con sueldo". Y añadió que "es necesario realmentellevar adelante ideas, propuestas para que mejore la situación de nuestro país, sobre todo en la pobreza, la niñez, la juventud que no estudia ni trabaja, ese 40 por ciento de los trabajadores que está en negro, sobre los 2 o 3 millones de viviendas que son necesarias, sobre los jubilados que tienen derecho a cobrar el 83 por ciento". Jorge Altamira y Christian Castillo, del FIT, se posicionaron durante la campaña, de hecho, fueron los únicos candidatos que participaron de la manifestación de los indignados del pasado 15 de octubre en Buenos Aires. Con su 2,3% de votos, el FIT tiene claro quiénes son sus votantes, y en la noche electoral Jorge Altamira se limitó a decir: “Hicimos una elección histórica. Quiero reivindicar para el Frente de Izquierda la recuperación de las mejores experiencias socialistas. El principal corte de boleta hacia nosotros fue kirchnerista y eso nos colocó como la alternativa política de este gobierno. La izquierda sube, la derecha cae”.
La normalidad del cotidiano
La historia tiende a repetirse, por eso es previsible que la euforia se vaya desinflando en los próximos días. La normalidad del día a día se impondrá implacable para todos. Pero la militancia social argentina seguirá haciendo ruido, reivindicando sus posiciones, denunciando, actuando. Además de los movimientos que agrupan el FPDS y la COMPA, otros grupos también continúan expresándose a su manera. Por ejemplo, siguen reuniéndose y organizando asambleas para concretar acciones los miembros de Democracia Real Ya Buenos Aires, con la intención de seguir pronunciando su indignación con el sistema; y el colectivo Participar es Más que Votar se ha dejado ver por Buenos Aires para reclamar una democracia directa y participativa.
Más allá de que la política casi siempre es previsible, habrá que estar atentos para ver cómo se desarrolla la acción en este nuevo e interesante escenario que estrena la República Argentina.
Así estan las cosas País... por ahora.
El mundo que nos rodea, puede verse de muchas maneras posibles, y este blog es solo una de las miles de posibilidades, solo una de ellas…
Privatización de la lengua
Creo que...
Quizá esté bien empezar con palabras de Neruda, que son las mismas tuyas, las mismas mías, las de nosotros: “Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos…”. Sí, ya lo dijo un filósofo de la antigüedad –dicen que todos los filósofos son antiguos- que las palabras crean las cosas. Y una de esas cosas es que hoy parece que las palabras se van a privatizar.
Y lo hará nada más y nada menos que la Real Academia de la Lengua Española, aliada a conglomerados económicos que, por lo visto, algún día nos van a cobrar impuestos por usar las palabras.
La sospecha comenzó cuando al periodista uruguayo Ricardo Soca, autor del servicio en internet La palabra del día, de distribución gratuita a más de doscientos mil suscriptores, le llegó una comunicación “algo petulante” de un abogado del grupo editorial Planeta, que dijo actuar en nombre de la Real Academia Española (RAE). En su mensaje le instaba a retirar una pieza de su página en la “que por sus propios medios” recopilaba una comparación entre las entradas del diccionario de la RAE y las actualizaciones que la misma realiza en perspectiva de la publicación del nuevo diccionario.
El caso es que al periodista lo acusaron de contravenir códigos y leyes, además de “competencia desleal”. Y, bueno, para no armar más embrollos y follones él decidió retirar las partes pertinentes en las que, además, citaba la fuente. “En el mensaje se me advertía, en nombre del Grupo Planeta y de la Real Academia Española, que debería retirar los avances de la vigésima tercera edición del diccionario académico, pues estaría violando, aquí en Montevideo, no sé qué leyes civiles y penales del Reino de España”.
Además, a Soco le prohibieron la introducción de enlaces que faciliten el acceso directo a cualquiera de los contenidos de los sitios web de la RAE. Como se sabe, la Real Academia Española es financiada con dineros públicos y, según se ve, ahora ha delegado en empresas privadas “del Reino de España –palabras de Soco- una parte de la autoridad que hace 298 años le confirió Fernando V para unificar la lengua del imperio”. El asunto va más allá, y a través de una empresa privada, la Academia está impidiendo la divulgación en internet de obras en cuya elaboración han participado las 22 academias, como es el caso del diccionario.
En estos tiempos neoliberales, en que se privatizan el agua, el aire, el cielo, (pronto privatizarán la luna), los servicios que antes eran públicos, en fin, parece haber llegado la hora de la privatización de la lengua. La RAE “pretende imponer las leyes del reino a los países hispanohablantes”. De seguro, a cierta parte de los campesinos de Antioquia, por ejemplo, les cobrarán que estén usando todavía palabras del Siglo de Oro español.
Se sabe, también, que los académicos son los que encarcelan la lengua. Lo advirtió Cervantes, en su obra magna, cuando destacaba el uso popular de las palabras y concedía todo el poder creativo al uso y al vulgo en el enriquecimiento de la lengua (Ver capítulo 43 de la segunda parte del Quijote). Hace tiempos, ciertos académicos colombianos se opusieron a la postulación que hicieron, en distintos años, Jean Paul Sartre y Thornton Wilder, de Fernando González al Nobel de Literatura.
Comentaba el poeta argentino Ricardo Ostuni que no es extraño que, en algún acuerdo con Planeta, aparezcan ahora propietarios de la lengua. Y nada raro que nos cobren derechos de autor por las palabras que emitimos. A esos bárbaros, los conquistadores, que llegaron y arrasaron, “se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes... el idioma”, cantaba Neruda. Se robaron el oro y nos dejaron el oro. El poeta chileno advertía que se llevaron todo y nos dejaron todo: “nos dejaron las palabras”. Pues no. Ahora los hechos parecen indicar que nos van a cobrar todo por las palabras que nos dejaron, que, además, han sido enriquecidas de modo extraordinario por las culturas que ellos borraron. Y por los cotidianos aportes del pueblo, al que los académicos de la lengua tanto desprecian.
Así estan las cosas País... por ahora.
Quizá esté bien empezar con palabras de Neruda, que son las mismas tuyas, las mismas mías, las de nosotros: “Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos…”. Sí, ya lo dijo un filósofo de la antigüedad –dicen que todos los filósofos son antiguos- que las palabras crean las cosas. Y una de esas cosas es que hoy parece que las palabras se van a privatizar.
Y lo hará nada más y nada menos que la Real Academia de la Lengua Española, aliada a conglomerados económicos que, por lo visto, algún día nos van a cobrar impuestos por usar las palabras.
La sospecha comenzó cuando al periodista uruguayo Ricardo Soca, autor del servicio en internet La palabra del día, de distribución gratuita a más de doscientos mil suscriptores, le llegó una comunicación “algo petulante” de un abogado del grupo editorial Planeta, que dijo actuar en nombre de la Real Academia Española (RAE). En su mensaje le instaba a retirar una pieza de su página en la “que por sus propios medios” recopilaba una comparación entre las entradas del diccionario de la RAE y las actualizaciones que la misma realiza en perspectiva de la publicación del nuevo diccionario.
El caso es que al periodista lo acusaron de contravenir códigos y leyes, además de “competencia desleal”. Y, bueno, para no armar más embrollos y follones él decidió retirar las partes pertinentes en las que, además, citaba la fuente. “En el mensaje se me advertía, en nombre del Grupo Planeta y de la Real Academia Española, que debería retirar los avances de la vigésima tercera edición del diccionario académico, pues estaría violando, aquí en Montevideo, no sé qué leyes civiles y penales del Reino de España”.
Además, a Soco le prohibieron la introducción de enlaces que faciliten el acceso directo a cualquiera de los contenidos de los sitios web de la RAE. Como se sabe, la Real Academia Española es financiada con dineros públicos y, según se ve, ahora ha delegado en empresas privadas “del Reino de España –palabras de Soco- una parte de la autoridad que hace 298 años le confirió Fernando V para unificar la lengua del imperio”. El asunto va más allá, y a través de una empresa privada, la Academia está impidiendo la divulgación en internet de obras en cuya elaboración han participado las 22 academias, como es el caso del diccionario.
En estos tiempos neoliberales, en que se privatizan el agua, el aire, el cielo, (pronto privatizarán la luna), los servicios que antes eran públicos, en fin, parece haber llegado la hora de la privatización de la lengua. La RAE “pretende imponer las leyes del reino a los países hispanohablantes”. De seguro, a cierta parte de los campesinos de Antioquia, por ejemplo, les cobrarán que estén usando todavía palabras del Siglo de Oro español.
Se sabe, también, que los académicos son los que encarcelan la lengua. Lo advirtió Cervantes, en su obra magna, cuando destacaba el uso popular de las palabras y concedía todo el poder creativo al uso y al vulgo en el enriquecimiento de la lengua (Ver capítulo 43 de la segunda parte del Quijote). Hace tiempos, ciertos académicos colombianos se opusieron a la postulación que hicieron, en distintos años, Jean Paul Sartre y Thornton Wilder, de Fernando González al Nobel de Literatura.
Comentaba el poeta argentino Ricardo Ostuni que no es extraño que, en algún acuerdo con Planeta, aparezcan ahora propietarios de la lengua. Y nada raro que nos cobren derechos de autor por las palabras que emitimos. A esos bárbaros, los conquistadores, que llegaron y arrasaron, “se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes... el idioma”, cantaba Neruda. Se robaron el oro y nos dejaron el oro. El poeta chileno advertía que se llevaron todo y nos dejaron todo: “nos dejaron las palabras”. Pues no. Ahora los hechos parecen indicar que nos van a cobrar todo por las palabras que nos dejaron, que, además, han sido enriquecidas de modo extraordinario por las culturas que ellos borraron. Y por los cotidianos aportes del pueblo, al que los académicos de la lengua tanto desprecian.
Así estan las cosas País... por ahora.
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