VACUNAS, SALUD Y VIDA

Creo que...

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Existe un debate sobre las vacunas. Hay acuerdo sobre las ventajas de algunas para el individuo y para la población, como la vacuna contra la poliomielitis, y hay enorme desacuerdo sobre otras, como la vacuna contra el virus del papiloma humano o contra la gripe. El debate provoca situaciones conflictivas, especialmente cuando, frente a la libertad de elegir, se tratan de imponer todas las vacunas. La imposición comporta problemas éticos y, en buena lógica, debería llevar también a que fueran obligatorias otras actuaciones “saludables”.  Pero estas imposiciones tienen mucho que ver con la EUGENESIA.

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Estar enfermo es perder parte de la normal integridad física y/o mental. Morir es perder por completo la integridad física y mental. Ser un enfermo es aceptar dicha pérdida parcial, aceptar la carencia y el nuevo papel social que eso conlleva. Podemos, pues, estar enfermos (perder parcialmente la normal integridad) y no ser un enfermo (no aceptar, rechazar o ignorar el nuevo papel social a que nos confina la enfermedad).

En español se distingue bien el enfermar de la enfermedad. Los malos traductores de inglés dicen que es difícil encontrar la correspondencia a los términos sickness e illness. Pero no es cierto, el enfermar es la vivencia de la enfermedad (ese nuevo papel social) y la enfermedad es la pérdida de la normal integridad. Los pacientes lo expresan muy bien. Por ejemplo, ante una cifra alta de triglicéridos en sangre: “¿Eso es malo, doctor?”. Si hay confianza, ante la respuesta negativa, queda la pérdida de la normal integridad, pero no hay papel social alguno que adoptar. Si la respuesta es positiva, la pérdida parcial de la normal integridad se convierte en enfermar. Es decir, repercute en la vida del paciente, que pasa a ser un enfermo, a admitir cambios en su vida, en su relación con el sistema sanitario, en su alimentación, e incluso a medicarse.

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Lo que sea normal integridad es parte de la cultura. Por ejemplo, en Alemania la hipotensión es enfermedad con enfermar, hasta el punto de ser causa de baja laboral, minusvalía social y justificación de incapacidad laboral permanente. En España la hipotensión puede ser enfermar en raros casos, pero no suele ser enfermedad, sino una variación de la normalidad.

La normalidad también tiene una interpretación personal, y son muchos los que teniendo minusvalías evidentes e importantes las superan hasta el punto de poder considerar, incluso, “anormales a los normales” (por no haber demostrado si serían capaces de afrontar tales pruebas).

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Hay quien desea que todos seamos normales, hay quien desea la mejora de la raza. La teoría de la eugenesia llevó la normalidad a un imposible en que se justificó la barbarie de matar a los minusválidos físicos y psíquicos (incluyendo entre estos, además, a los judíos, homosexuales, republicanos españoles, gitanos y otros). Los sueños de la razón producen monstruos, como bien enunció Goya.

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EUGENESIA

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Francis Galton se dió cuenta de que la sociedad eliminaba en gran parte la presión evolutiva. Es decir, percibió que la protección de los débiles disminuía las mejoras que conlleva la evolución natural. Tal idea es antigua, y en cierta manera las distintas civilizaciones han promovido de formas variadas la mejora de la especie humana.

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Pero Francis Galton aprovechó las ideas de su primo, Charles Darwin, para proponer una filosofía y política social de mejora de la raza humana. Primero en un artículo de 1865 sobre “Talento y personalidad hereditarios”, y luego en un libro, en 1869, “El genio hereditario”.

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En síntesis, si son hereditarias las mejores virtudes físicas e intelectuales, ¿por qué no introducir cambios que lleven a la selección artificial de dichas virtudes? Se trataba de promover la existencia de personas más sanas y de disminuir el sufrimiento y el coste de las enfermedades. Todo ello bien fundamentado en la estadística y en la biometría, para seleccionar lo mejor de lo normal.

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Dicha selección artificial se logra en la actualidad con el consejo genético prenatal, el diagnóstico prenatal (y el aborto de los productos “anormales”), la selección in vitro de embriones y demás. Por ejemplo, en su extremo, en la India, permite eliminar los embriones femeninos, y en los países occidentales los síndromes de Down.

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A lo largo del siglo XIX y XX la eugenesia ganó adeptos y llevó, por ejemplo, a la esterilización forzosa y la eliminación de las personas “anormales”. Por supuesto, promovió conductas “sanas” hasta lograr, por ejemplo, que Hitler fuera el patrocinador del primer estudio del mundo en que se demostró que el fumar tabaco se asociaba a cáncer de pulmón (y ni Hitler, ni Franco, ni Mussolini fumaron).

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El nazismo se fundó en la eugenesia, pero conviene recordar que las esterilizaciones forzosas también se utilizaron en, por ejemplo, los EEUU y Suecia.

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Entre las conductas “sanas” a promover e imponer, las vacunas.

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AUSTRALIA

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La Ministra de Sanidad australiana ha sacado adelante una norma para intentar que se vacunen el 11% de los niños de 5 años mal vacunados en ese país. Los padres que no tengan completamente vacunados a sus hijos no tendrán derecho a un beneficio fiscal que se aplica a las familias con hijos y que puede alcanzar los 2.100 dólares australianos (1.500 euros) por niño. Esta medida entrará en vigor en julio de 2012.

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Lo asombroso es que esto parezca muy bien a muchos médicos pro-vacunas, con el argumento de que los anti-vacunas deben ser forzados para vacunarse, tanto para que no tengan enfermedades infecciosas vacunables como para que no las transmitan.

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En el mundo entero se está intentando cambiar el imponer por el convencer, por ejemplo en los cribados de cáncer.

Los pro-vacunas tendremos que tratar de convencer, y en último término ser solidarios con los anti-vacunas. Si pretendemos imponer las vacunas terminaremos rompiendo la tolerancia social que permite la convivencia.

La intolerancia es cara, como la eugenesia.

En los EEUU hay mucho de ese exigir responsabilidad personal individual, y en sanidad se pretende que el que la haga la pague. Así se consigue el único país desarrollado que carece de sistema sanitario público de cobertura universal, el de mayor gasto en salud, y el de peores resultados en salud. Ser solidarios es más barato, y conveniente.

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Las vacunas plantean problemas éticos que requieren respuesta prudente y pausada.

http://www.equipocesca.org/uso-apropiado-de-recursos/etica-y-vacunas-mas-alla-del-acto-clinico/

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Si somos intolerantes con las “variaciones” frente a las vacunas, habría también que exigir responsabilidades individuales personales cuando surjan complicaciones, enfermedades y/o lesiones a:

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  1. los fumadores de tabaco

  2. los bebedores de alcohol

  3. los consumidores de drogas ilegales

  4. los consumidores en exceso de drogas legales (antidepresivos, somníferos, tranquilizantes y demás) y los médicos que las prescriben

  5. los obesos

  6. los consumidores de montelukast en indicaciones no aprobadas, y los médicos que lo prescriben

  7. los que emplean inadecuadamente los antibióticos y los implicados, pacientes, médicos, farmacéuticos, veterinarios, odontólogos y demás (mueren al año 30.000 personas en Europa por las resistencias bacterianas)

  8. los que llevan vida sedentaria (por ejemplo, más de 3 horas diarias frente a la televisión y/o el ordenador)

  9. los que no se relajan y viven a tensión y con angustia

  10. los desempleados y los que los desemplean, políticos y empresarios (no hay nada peor para la salud)

  11. los analfabetos funcionales y los otros, y sus familiares y maestros (el analfabetismo aumenta las muertes y el sufrimiento por enfermedad)

  12. los que cumplen en exceso con las vacunas (por ejemplo, revacunan contra el tétanos cada 10 años)

  13. los adictos al trabajo

  14. los que abusan de las bajas (absentismo injustificado, asociado a drogadicción y suicidios, entre otros) y los que van a trabajar enfermos (presentismo), y los médicos cooperadores necesarios

  15. los que intentan suicidarse y fracasan

  16. los que se someten a intervenciones de cirugía estética (nariz, orejas, cuello, mamas, culos, vaginas, vulvas, penes y demás)

  17. los que se someten y cometen cesáreas innecesarias (incrementa la morbilidad y mortalidad materno-infantil)

  18. los que abusan de la radiología, en prevención, diagnóstico y terapéutica

  19. las que abortan voluntariamente

  20. las que no se someten a pruebas pre-natales, o no abortan consecuentemente, y dan a luz a niños con síndrome de Down y similares

  21. los que dejan de cumplir las indicaciones correctas para tratar sus enfermedades

  22. los que toman y recomiendan tomar omeprazol en exceso, por sus efectos adversos

  23. los que toman y recomiendan tomar anti-inflamatorios en exceso (50.000 muertos en los EEUU por el uso del Viox, por ejemplo)

  24. los que no se lavan las manos cuando es necesario, especialmente los profesionales sanitarios, y sobre todo los médicos (no se lavan las manos hasta en el 70% de las ocasiones en que deberían hacerlo)

  25. los pesimistas y amargados

  26. los que utilizan medicinas alternativas (en torno al 30% de la población, con independencia de su nivel educativo)

  27. las que toman suplementos de iodo en los embarazos, y quienes los prescriben (aumentan la morbilidad tiroidea materna y disminuyen la capacidad intelectual infantil) y

  28. los que tienen relaciones sexuales completas esporádicas sin protección (con sus consecuencias de sífilis, gonococia, SIDA, micosis, clamidias, herpes, “ladillas”-pthirus pubis, y otras).

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No se trata, pues, ni de imponer ni de obligar. Más vale convencer, ya digo.

Es tarea de los que somos pro-vacunas, convencer a los anti-vacunas. No son irracionales, ni anti-vacunas sensu stricto, sino “pro-libertad de vacunación” y piden cosas sensatas, como vacunas de una en una (y no en inyecciones agrupadas en quintetos e indivisibles) y un seguro para daños que evite el oprobio de las niñas de Valencia, Murcia y Sevilla (con la vacuna contra el virus del papiloma humano) cuyos padres fueron pro-vacunas..






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Una sociedad solidaria y tolerante es más sana. Aunque haya que convivir con quien sea imprudente, pues todos lo somos en algún grado.

No a la eugenesia, no a las vacunas obligatorias. Nos conviene a todos.

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 Así estan las cosas País... por ahora.

Porque yo no y vos tampoco. Pero él sí.

Creo que...




Golpe

El 24 de marzo de 1976, un grupo de presos políticos escucha que se abren las puertas del pabellón que los aloja. Hace un año y tres meses que están encerrados allí, desde diciembre de 1974.

Antes de llegar al penal fueron torturados durante semanas.

No tienen baño en sus celdas y deben cagar en una lata y mear en un frasco. No tienen recreos ni pueden hacer gimnasia. No pueden leer ni escribir. No pueden hablar con nadie. Son requisados y golpeados casi todos los días desde que llegaron al penal.

Comen sentados en el suelo, con las manos, la escasa y horrible comida que de vez en cuando les dan. Hace un año y tres meses que sólo pueden caminar tres pasos: uno, dos y tres, hasta que chocan contra la pared blanca del calabozo.

No reciben cartas, ni tampoco envían.

Son casi las once de la mañana del 24 de marzo de 1976 cuando escuchan que se abren las puertas del pabellón que los aloja. Desde el pasillo, la voz del joven oficial suena victoriosa.

"Las Fuerzas Armadas tomaron el poder, ahora sí que a ustedes se les acabó la joda."

Injusticia

Es mayo del '76 y en el chupadero de Rosario ya casi no hay lugar para ningún secuestrado más. Pero a la una de la mañana la patota entra con una mujer que no supera los quince años. La chica grita aterrorizada que no sabe nada y que no entiende nada de lo que está pasando.

La golpean, la desnudan y comienzan a torturarla. La picana recorre su cuerpo delgado que se arquea hasta quebrarse. No hay nombre que les pueda dar ni dirección que conozca. Por mucho que le pregunten, ella no puede responder.

Entonces empiezan a violarla, la colocan boca abajo en la cama elástica y la violan una y otra vez, entre nuevas preguntas y carcajadas.

Son las tres de la mañana y otra patrulla, con otra mujer, entra en el chupadero.

"Nos equivocamos," – dice un oficial – "la montonera que buscábamos es ésta, a la chica hay que llevarla de nuevo a su casa", ordena.

Pero los guardias se resisten, es de madrugada, están cansados y además la prisionera está destrozada por las torturas. Mañana, dicen, mañana la llevamos.

Pero el jefe no quiere esperar: "Dije ahora, carajo, la llevan a su casa ahora mismo. Por que si hay algo que yo no soporto, son las injusticias".

Moneda

El 12 de agosto de 1976, cuatro presos políticos son retirados de la cárcel de Córdoba por una patrulla militar al mando del teniente coronel Osvaldo César Quiroga.

Hugo Vaca Narvaja, Higinio Toranzo y los hermanos Gustavo y Eduardo De Breuil son sacados de sus celdas, esposados, vendados y tirados en el piso de un camión militar que emprende la marcha en mitad de la noche.

Son cuarenta minutos por caminos de tierra hasta que llegan al lugar elegido para fusilarlos.

Los bajan y disparan. Matan a Toranzo y a Vaca Narvaja. "Ahora hay que elegir uno de estos dos: tiremos la moneda", propone el oficial. Y la tiran.

Al único sobreviviente, Eduardo De Breuil, le quitan la venda para que vea el cadáver de su hermano Gustavo y el de los otros dos compañeros fusilados.

"Te dejamos vivo para que vuelvas a la cárcel y cuentes lo que vamos a hacer con todos ustedes", le dicen.

Homilía

El padre Roselló es el capellán del penal de Rawson en agosto de 1978. Va y viene por los pabellones interrogando a los presos políticos como un guardiacárcel más.

Los presos, aun los creyentes, tratan de esquivarlo. Pero el cura es insistidor y decide celebrar misa para todos. Hay obligación de asistir. Judíos, cristianos, ateos, todos los presos tienen que escuchar su mensaje ecuménico.

"Queridos hermanos subversivos," – empieza su homilía el sacerdote – "algunos de ustedes se quejan por el trato que reciben en esta cárcel, pero tienen que entender que están recibiendo el castigo que se merecen. Y esto es sólo el castigo impuesto por los hombres, aún les falta lo peor, amigos asesinos, aún les falta el que vendrá después, el terrible y justísimo castigo divino", remata, esperanzador, el padre Roselló.

Menú

Termina el año '81 y Jorge Toledo se suicida en la cárcel de Caseros. Homicidio, dicen sus compañeros, que durante meses vieron cómo Jorge se iba apagando de a poco.

Los médicos y psiquiatras que debían atenderlo fueron los verdugos que indujeron su suicidio. Le daban los medicamentos y de golpe se los cortaban, los guardias se ensañaron con él, los jefes del penal jamás atendieron los reclamos y los avisos que sus compañeros hacían a diario.

Hasta que Toledo dijo basta y se ahorcó en su celda. Con una sábana se ahorcó.

Esa noche, el Servicio Penitenciario decidió que la cena debía ser especial y sirvieron carne al horno con papas, un manjar al que los presos no estaban acostumbrados pero que ninguno pudo comer.

Tampoco pudieron dormir, por los parlantes del pabellón pasaron, a todo volumen, la marcha fúnebre hasta la mañana siguiente.

Gorra

Es enero de 1980, y luego de la visita de la CIDH se aflojan las condiciones de detención en la cárcel de Rawson. Los presos políticos juegan su primer partido de fútbol en años.

El viejo Cambiasso, que ya no está para esos trotes, es el cronómetro que marcará los tiempos del partido. Mientras sus compañeros juegan, Cambiasso camina. El partido será lo que tarde el Viejo en dar 22 vueltas completas al patio de la cárcel. Ni un paso más.

Lo que no saben los presos es que los guardianes que los vigilan comienzan a hacer apuestas. Se juegan el sueldo entero a manos de uno u otro equipo. Y también el aguinaldo.

Van 20 vueltas de Cambiasso, que las anuncia a viva voz cuando las va completando. El partido va uno a uno y los agentes siguen jugando el dinero que no tienen.

Veintiuna vueltas.

El Negro Ponce de León levanta la cabeza y pone el pase exacto para que Julio Mogordoy saque un derechazo furibundo que se clava en el segundo palo y que le vuela también, limpita, la gorra a un guardiacárcel.

El Viejo Cambiasso grita su vuelta 22 pero el partido se terminaba igual. El clima se pone tenso y Mogordoy sabe que ese golazo le va a costar un castigo. El Servicio Penitenciario no le perdonará la humillación de uno de los suyos corriendo su gorra ante la carcajada de 18 subversivos.

Lo retiran de la fila, lo esposan y se lo llevan. Al rato, instalado en su calabozo, oye que le abren la celda y piensa que se viene una golpiza. Pero no.

Está perdonado, le dice el jefe de Guardia, usted no se imagina la plata que yo gané con ese derechazo. Y lo devuelve a su celda.

Traslado

En setiembre del '77, un grupo de presos políticos es trasladado desde la cárcel de Villa Devoto a la Unidad 9 de La Plata.

Son encapuchados, esposados en pareja y ferozmente golpeados desde que salen hasta que llegan. Pero algunos cobran más que otros.

A Héctor Vilche, "Flecha", que tiene sólo 18 años, le toca Juan Martín Guevara, el hermano del Che, como compañero de infortunio.

Ante cada retén los presos deben detenerse y decir su apellido. Guevara, responde Juan Martín cada vez que le preguntan. "¡Guevara, Guevara, el hermano del Che!", se excitan los guardianes y redoblan la golpiza. Flecha, esposado junto a él, también recibe la doble lluvia de garrotazos.

Pasan uno, dos, tres retenes, y en el cuarto Flecha, ya negro por los golpes, tiene una idea. Se acerca al oído de Juan Martín y le dice, bajito, le dice: "Hermano, nos faltan todavía como cinco retenes, de aquí en más, por favor, deciles que te llamás González".



Así estan las cosas País... por ahora.