Soberanía y deuda externa

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Desde la época de la dictadura militar y la política económica impuesta por Martínez de Hoz, el país quedó amarrado hasta el día de hoy a los tribunales de EEUU y otros poderes y al modelo de desarrollo consolidado bajo la fuerza extorsiva del endeudamiento.

Ningún gobierno cuestionó la legitimidad o legalidad de la deuda generada durante la dictadura – con excepción del intento frustrado del Presidente Alfonsín y su primer Ministro de Economía – pese a que afecta grave y continuamente al pueblo y a la soberanía nacional.

Todos los gobiernos que precedieron al actual actuaron de la misma forma: ocultaron la verdadera situación del país y asumieron la deuda sin separar lo legítimo de lo ilegítimo. Firmaron tratados de libre comercio y de “protección a las inversiones”, ejecutaron las políticas de ajuste y privatización impuestas, y así llegamos al 2001 con todas sus consecuencias.

Tanto los gobiernos de Néstor como de Cristina Kirchner continuaron con la misma política, negándose a bajar el cuadro de la Deuda de la pared y manteniendo el sometimiento del país a tribunales extranjeros, cediendo la soberanía nacional. En otros términos, consolidaron la transformación del país en una colonia de las grandes potencias y empresas, que imponen las condiciones de financiamiento, inversión y comercio y la jurisdicción de tribunales o foros arbitrales, como Nueva York o el CIADI, que siempre los van a beneficiar.

Muchas organizaciones intentaron acercarse al gobierno para tratar la situación de la deuda externa y proponer alternativas ciertas, como la realización de una auditoria participativa e integral y la nulidad de las renuncias soberanas. Lamentablemente sin resultado, pese al antecedente valioso de Ecuador, ya que hasta ahora tanto el gobierno como el Parlamento, se niegan a investigar para determinar si realmente hay deuda legítima pendiente de pago.

Es preocupante que casi todos – el gobierno más la gran mayoría de la oposición – parecen desconocer el juicio sobre la deuda externa iniciado por el patriota Alejandro Olmos en el año 1982 y concluido en el 2000. El Poder judicial no ha declarado aún las nulidades respectivas ni seguido con ahinco las causas pendientes. El Poder ejecutivo tampoco ha impulsado los juicios y acciones complementarias correspondientes en función de las más de 470 ilicitudes comprobadas por el juez Ballestero en su decisión en la causa Olmos. Y el Parlamento ha omitido actuar sobre la misma para determinar las responsabilidades políticas de una deuda que continúa provocando graves daños al país.

En varias oportunidades fuimos al Congreso, con Alejandro Olmos y otros, tratando de reunirnos y a conversar con diputados y senadores. Pero siempre fue casi imposible. Si lográbamos reunir uno o dos, eran muchos; la indiferencia y falta de conocimiento de la situación y consecuencias de la deuda externa para el país, por parte de los legisladores, era casi total.

Hasta el día de hoy, han pasado otros 14 años y los diputados y senadores no han mostrado todavía la sabiduría y compromiso necesarios para cumplir con uno de sus mandatos constitucionales, indelegables: el de “arreglar” la deuda. Por eso las consecuencias de la misma siguen agravándose, provocando situaciones como la actual con la transferencia permanente de capitales a la especulación y la usura internacional y el juicio en los EEUU con sus fallos tan predecibles a favor de los “fondos buitre” que compran por nada y quieren llevar todo. Las consecuencias para el pueblo son siempre las mismas: mayor empobrecimiento, falta de recursos para el desarrollo del país, la salud, educación y la necesidad siempre pendiente de privilegiar la deuda interna con los derechos del pueblo y de la naturaleza.

Lo ocurrido con el embargo a la Fragata Libertad en Ghana fue grave y afectó la soberanía nacional, como ahora pasa con las amenazas de posibles embargos y bloqueos de fondos del país. El comportamiento de la justicia estadounidense – no sólo el juez Griesa sino además, la Cámara de Apelaciones y la propia Corte Suprema de EE.UU. – muestra con todo su peso que no toda ley es justa, ni tampoco ciego el Poder judicial.

Pero son conclusiones absolutamente previsibles y seguirán corriendo, y mal, a nuestro país, si no se encare a fondo el raíz del problema que no son los buitres precisamente, sino la entrega de nuestra soberanía a toda calaña de buitres que anda volando, tanto por aquí como por allá, y la negativa a asumir la ya comprobada ilicitud e ilegitimidad de la deuda. No sólo es repudiable la deuda hoy en garras de los buitres reconocidos sino toda la deuda pública, acumulada desde tiempos de la dictadura sobre la base de la represión, el fraude y la complicidad, la nacionalización de las deudas de las grandes empresas privadas, la fuga de capitales y otros crímenes más.

El gobierno debiera repensar la política a seguir y no caer en el “masoquismo político”, sabiendo los resultados que le espera, pero insistiendo en la misma receta. Es necesario recuperar la soberanía y fortalecer la capacidad de nuestro pueblo e instituciones para defendernos. Pero en vez de avanzar por ese camino, el gobierno con total impunidad e irresponsabilidad continúa sometiendo al país a tribunales extranjeros y ocultando al pueblo las cláusulas secretas, como en los acuerdos con Chevron.

Hemos denunciado en reiteradas oportunidades que Chevron es una empresa que escapó del Ecuador, siendo condenada por la justicia de ese país a pagar 9 mil millones de dólares por los daños ambientales, como a las comunidades indígenas, que rechazó reparar. Chevron se niega a pagar, y la justicia ecuatoriana logra embargar sus inversiones en Argentina por los daños causados. Sin embargo, la Corte Suprema de Justicia de la Argentina levanta el embargo a Chevron, a fin de acordar con el gobierno nacional la explotación con el sistema del fracking en Vaca Muerta, en la provincia del Neuquén.

Una empresa con esos antecedentes actúa con total impunidad; hay que estar atentos a la situación y la explotación de los recursos energéticos, como el petróleo y el gas en la Provincia del Neuquén, en un país que ha renunciando a su soberanía y quedado a la merced de quienes pretenden ser sus acreedores.

El otro antecedente preocupante a tener en cuenta es el acuerdo reciente con China, ya que reitera el gobierno la misma política de renunciar a la soberanía nacional, sometiendose incluso a los tribunales de Gran Bretaña.

¿Pueden explicar por que el gobierno se niega a actuar sobre las investigaciones y decisiones de la justicia argentina, o de realizar una Auditoria para separar la deuda legítima de la ilegítima e investigar los daños causados por la deuda externa e ilegítima al país? ¿Cuales son los motivos para que el Parlamento y el Poder Judicial omiten impulsar las acciones que les competen al respecto?

Hoy el país sufre las consecuencias de la incapacidad y falta de voluntad política de parte de sus diversas autoridades, situación que genera mayor empobrecimiento, marginalidad y pérdida de los bienes comunes, que son patrimonio del pueblo y de la naturaleza y no del gobierno de turno.

Organizaciones sociales, de derechos humanos, sindicatos, movimientos populares y religiosos están movilizados reclamando a los tres poderes estatales argentinos –el Poder Ejecutivo, el Legislativo, el Judicia-l, que asumen sus responsabilidades de acuerdo a la Constitución Nacional y los derechos humanos. Y que abren instancias de dialogo con todos los sectores sociales, sindicales y políticos, que deben ser escuchados en el ejercicio democrático para buscar salidas superadoras de los errores cometidos.

Adolfo Pérez Esquivel

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Deuda y buitres

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Continúa la historia de la deuda con los buitres y la justicia de EEUU, con capítulos diarios que agregan novedades al análisis y al problema del endeudamiento y sus gravosas consecuencias para la población

Finalmente llegó el día D, el 30 de Julio, fecha en que vencía el plazo para acreditar en cuenta de los bonistas ingresados al canje de deuda del 2005 y 2010. Los fondos estaban y están en el Banco Mellon de NY, depositados a fines de junio pasado por el gobierno de Argentina, y el juez Griesa no permite su acreditación, por lo que aun cuando el país dispuso de los fondos para cancelar la deuda, los beneficiarios de esos recursos no los reciben.

Es el argumento para hablar de default, calificación que el gobierno rechaza, mientras las calificadoras de riesgo, entidades privadas vinculadas al sistema financiero mundial establecieron el “default selectivo”, es decir, de una parte de la deuda. El resultado inmediato es que dispararon el cobro de los seguros por default respecto de esos títulos, lo que supone un gran negocio.

Las deudas y el sistema financiero están llenos de oportunidades para buitres conocedores de los pormenores de la especulación exacerbada del capitalismo de época.

Desde el gobierno se instruyó a la Comisión Nacional de Valores para gestionar en EEUU una demanda de investigación sobre la connivencia del juzgado de Griesa con el negocio de los seguros por default, en alusión a la parcialidad del letrado con los fondos buitres.

Otro elemento a considerar es el papel de los bancos. Primero fueron los bancos nacionales de capital privado que intentaron una operación de compra de los títulos de la sentencia Griesa o el depósito en garantía de unos 250 millones de dólares para generar la posibilidad del stay o cautelar que dispondría el Juez para pagar a los bonistas. Dijeron los banqueros que era una acción “patriótica” y se dio a entender que había guiño desde el gobierno, especialmente desde el BCRA. La operación no prosperó pero estaban en juego las tenencias de títulos en manos de los bancos y su potencial desvalorización.

La posta la asumen ahora un conjunto de bancos extranjeros, con la misma preocupación “patriótica”, es decir, sus intereses por resguardar las inversiones en títulos de la deuda argentina.

Cada quien juega sus propios intereses
Estamos ante una situación de elevada complejidad donde cada quien atiende su juego.

El juez se planta en su sentencia.

Los fondos buitres tienen dictamen de cobro por el 100% y al contado y negocian desde allí, además de cobrar sus seguros contra default.

Los bancos intentan intervenir y aun con fracaso, mientras la ilusión de la negociación dura intervienen en la evolución del mercado de capitales con alzas de valores que favorecen sus movimientos de corto plazo.

La posición del gobierno pareciera apunta a llegar a diciembre para que finalice el marco de vigencia de la cláusula RUFO y entonces si negociar con los buitres sin temor a la potencial demanda del 92,4% de ingresados al canje, estimada entre 120.000 y 500.000 millones de dólares.

En definitiva, todos los escenarios culminan en el pago de la deuda, y lo que se discute es el cuanto y como del pago de la misma.

La danza de valores se cuenta por millones y son recursos que restringen la capacidad de asistencia de otras demandas o deudas sociales.

Como sostuvimos varias ocasiones, la deuda condiciona y establece privilegios en la disputa de los recursos públicos. En la reunión del Mercosur en Caracas la presidenta anunció que la Argentina canceló 190.000 millones de dólares en el último tiempo y con esfuerzo propio, sin ayuda externa, ya que el país estaba y está afuera del mercado de crédito internacional.

Las consecuencias son gravísimas, porque se postergan demandas sociales, sea el 82% móvil que demandan los trabajadores jubilados, la disminución del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias, o directamente su eliminación, la solicitud de mejoras de ingresos salariales o beneficios de planes sociales y ni hablar de los presupuestos para el gasto social en educación, salud u otras áreas.

Más allá de las novedades cotidianas, esta novela con entregas diarias devuelve un escenario de especulación financiera exacerbada a escala global y por lo tanto la necesidad de disputar una nueva arquitectura financiera mundial. No es novedad, y el intento tiene varios años y fracasos múltiples motivados por quienes hegemonizan el sistema, a la cabeza EEUU y el orden instrumentado hace 70 años con el FMI y el BM.

Ante el fracaso de infructuosos esfuerzos se organizan iniciativas regionales cuyos resultados están por verse aún, por caso las iniciativas de los BRICS o las enunciadas en torno al demorado Banco del Sur.

El interrogante es si eso es posible en el marco del orden capitalista y en rigor, la nueva arquitectura financiera solo será posible si se modifican las relaciones sociales de producción a nivel de cada país y una articulación productiva integrada regionalmente que modifique el modelo productivo y de desarrollo, es decir, un camino que suponga la crítica y la superación del orden capitalista.

Campaña para suspender pagos e investigar
Por ello es que resulta importante asumir una tarea de esclarecimiento y difusión de estrategias alternativas, entre las que destacamos la campaña iniciada por la “Asamblea por la suspensión del pago e investigación de la deuda y por la defensa del patrimonio nacional y los bienes comunes” que impulsan un conjunto de personalidades, organizaciones sociales y políticas sustentando.

Entre las principales consignas se sostiene que “El pueblo debe saber de qué se trata”, qué “la única deuda es con el pueblo”, qué “no hay que pagar deuda ilegitima, odiosa y fraudulenta”, que se requiere “suspender los pagos e investigar la deuda” y además “defender los bienes comunes”.

En conjunto constituyen un programa alternativo al sustentado por el club de pagadores, mayoritarios en el sistema político que conforman oficialismo y oposición. Es un programa y una iniciativa política para constituir subjetivad contra el pago de la deuda y por instaurar una auditoría integral de la deuda con participación popular, con cuyos resultados se pueda discutir el privilegio en el uso de los recursos públicos.

Necesitamos fuerza social y política para terminar con el cáncer de la deuda y discutir la política económica para un modelo productivo y de desarrollo que parta de las necesidades populares en un marco de integración no subordinada, por la liberación social.

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Hiroshima olvidada

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En un día como hoy, pero hace 69 años, se cometía un acto de una barbarie inusitada por su mortal eficacia y su descomunal escala destructiva: la ciudad japonesa de Hiroshima era literalmente barrida de la faz de la tierra por una bomba atómica arrojada por el Enola Gay, un bombardero B-29 de los Estados Unidos.

En apenas un instante unas 80 mil personas de las 350 mil que vivían en esa ciudad fueron calcinadas y reducidas a cenizas al ser impactadas por un vendaval radioactivo de más de 2 mil grados de temperatura. Al cabo de unos pocos años se sumarían entre 50 y 80 mil nuevas víctimas, aparte de quienes sobrevivieron con terribles quemaduras y lesiones de todo tipo y los nacidos con insanables deformaciones que les marcarían toda su vida. En un alarde de sadismo sin precedentes el presidente Harry Truman ordenaría un segundo bombardeo atómico, esta vez sobre Nagasaki, otra ciudad indefensa al igual que la anterior, exterminando otras 73 mil personas en menos de un segundo.
El recuento total de las víctimas que murieron a causa de los dos bombardeos –tanto los que perecieron en el acto como quienes fallecieron con posterioridad- llegaba, en el año 2008, a poco más de 400 mil personas. El relato oficial estadounidense es que el bombardeo atómico precipitó la rendición incondicional de Japón y puso fin a la Segunda Guerra Mundial, ahorrando así miles de vidas de soldados norteamericanos. Pero la historia es diferente.

En realidad este brutal genocidio fue un cruel escarmiento porque política y militarmente Japón ya estaba derrotado y su capitulación final era cuestión de días. Derrotado en el Pacífico por Estados Unidos, las tropas soviéticas estaban prestas para invadir a Japón desde Manchuria y sus defensas serían rebasadas con facilitad.
Su suerte estaba echada. Pero esa certidumbre no contaba porque lo que Washington buscaba, aún al precio de perpetrar un horrendo crimen de guerra, era demostrar al mundo quien era la nueva potencia hegemónica del planeta y quien, gracias a su monopolio nuclear, estaba llamada a establecer un “orden mundial” (en realidad, un escandaloso desorden) congruente con sus intereses, y a cualquier precio.

Los bombardeos atómicos sobre las dos ciudades japonesas fue una suerte de sacrificio iniciático de la nueva era, concebido para enviar un potente mensaje para propios (principalmente sus aliados británicos y franceses) y ajenos, como sus ocasionales adversarios alemanes y japoneses, pero sobre todo para la Unión Soviética toda vez que la inesperada llegada del Ejército Rojo a Berlín contenía funestos desafíos para el nuevo orden imperial de la posguerra.

Si para que este mensaje fuera comprendido era preciso aniquilar a centenares de miles de personas indefensas se procedería sin remordimiento alguno, como lo proclamarían orgullosamente hasta el final de sus miserables vidas los tripulantes del B-29 que destruyó Hiroshima. Afortunadamente el monopolio nuclear en manos de Washington duró apenas unos años, y el chantaje atómico quedó neutralizado por el “equilibrio del terror”. Pero la pesadilla desatada con semejantes actos de barbarie habría de perdurar para siempre.

La prensa del establishment acompañó las mentiras oficiales justificatorias de la barbarie cometida aquel 6 de Agosto. Un artículo del New York Times, publicado el 13 de Septiembre de 1945, decía en su título que no había rastros de radioactividad en Hiroshima. Obedecía ciega e irresponsablemente a la censura impuesta por el Pentágono que prohibía hablar de radiación y decía, en cambio, que las víctimas japonesas murieron por el estallido de la bomba.

Fue la primera gran mentira de las muchas que hubo sobre el tema. Sin ir más lejos hoy se acusa a Irán de estar empeñado en la fabricación de armamento nuclear mientras se oculta la denuncia hecha por un científico israelí, Mordechai Vanunu, cuando en 1986 reveló al mundo que con la ayuda de Estados Unidos su país estaba construyendo un arsenal de más de 100 ojivas nucleares, más letales que las arrojadas sobre las dos ciudades del Japón. Wanunu fue secuestrado en Roma, condenado por un tribunal en Jerusalén a una pena de 18 años de cárcel acusado de traición y espionaje.

Pese a haber cumplido su sentencia (con 11 años y medios en celda de confinamiento solitario) y sin haber nuevos cargos en su contra las autoridades israelíes se rehúsan a otorgarle un pasaporte y le impiden salir de Israel. ¿Su crimen? Alertar al mundo sobre la posibilidad que un horror como el de Hiroshima y Nagasaki pueda desatarse en Oriente Medio. Por supuesto, la prensa “seria” ha decretado la muerte civil de Wanunu hace muchos años.

Como bien recuerda Noam Chomsky, con el fulminante asesinato en masa de varios centenares de miles de personas se cierra una época y da comienzo a otra, más ominosa. Según el lingüista “si alguna especie de extraterrestres fueran a compilar una historia del Homo Sapiens ellos podrían dividir el calendario en dos eras: AAN (antes de las armas nucleares) y DAN (después de las armas nucleares).

Esta última se abrió el 6 de Agosto de 1945, el primer día de la cuenta regresiva de lo que podría ser el inglorioso final de esta extraña especie, cuya inteligencia le permitió descubrir los medios efectivos para su propia destrucción pero -como lo sugiere la evidencia- no la capacidad intelectual y moral para controlar sus peores instintos.

Todavía hay esperanzas, pero no deja de ser preocupante el silencio con que ha transcurrido este nuevo aniversario de la atrocidad perpetrada en Hiroshima, sobre todo a la luz de la que en estos días hemos visto en Gaza por un estado que dispone de un formidable arsenal atómico y cuyos gobernantes han dado sobradas pruebas de una espeluznante inescrupulosidad moral.

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Fuente original: Atilio Borón  - TeleSur

El reformismo, una vez más, termina en la derecha

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Después de escuchar a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner es inevitable quedar asombrado por la enorme contradicción que hay entre su discurso y la realidad. La vieja ilusión de algunos de querer conciliar el capital con el trabajo lleva a este tipo de incoherencias, reflejadas en acciones y en palabras. Es que el oficialismo tiene la obsesión permanente de presentar cosas vergonzosas como grandes triunfos, como anunciar un aumento del 11.3% en las jubilaciones mínimas que junto al aumento anterior se llega a un total del 27%. Esto da un total de $2757, mientras la canasta básica está por encima de los $9000. Se sigue pretendiendo tener un discurso popular cuando se acaba de devaluar la moneda, trayendo aparejado el aumento de precios que, sumado a la inflación anual, está destruyendo el bolsillo de la clase trabajadora argentina, ya que la devaluación afecta siempre a aquellos que perciben ingresos fijos y favorece a los empresarios. La intención del gobierno es controlar los próximos aumentos de salario para que estén por debajo de la inflación, transformándose los trabajadores en la variable de ajuste de la economía. Al parecer el gobierno quiere poner un techo del 30%, cuando la inflación de febrero 2013 a 2014 está por encima del 40%, impulsado esto por la devaluación de la moneda que pasó de $5 a $8 en 8 meses. A esto hay que sumar el reciente aumento del transporte público en un 66% y el posible el tarifazo que se viene insinuando en los servicios subsidiados por el Estado como la luz o el gas.

CFK planteo que el objetivo del modelo es la construcción de una “burguesía con conciencia nacional”, en un mundo dominado por el capital financiero, a lo que se agrega que después de casi 11 años de administración kirchnerista la economía está llegando al 70% de extranjerización, cifra que está por encima de la década neoliberal de los 90’. ¿Es ésta la “liberación” con la que hacen cánticos las bases militantes oficialistas? Frente al planteo burgués de que “los últimos años han sido para las empresas los de mayores ganancias” es imposible pretender tener un discurso coherente dirigido a los sectores populares. Esto es peor cuando se pretende justificar que en Argentina los trabajadores tienen un buen nivel de vida porque en una semana 439.000 asalariados pudieron acceder a comprar dólares para atesorar, en un país con más de 40 millones de habitantes, con más de 1/3 de los trabajadores en negro (trabajo informal) y la mitad que no supera los $4000 (cifras oficiales). En este sentida, “Cristina” se permitió plantear como un ejemplo de desigualdad social que un trabajador asalariado tenga un ingreso alto que le permite ahorrar mientras otros no pueden, olvidándose que las desigualdades sociales se superan a partir de una distribución real de la riqueza, no sacándole al que tiene un poco para darle al que tiene nada. Esto es propio de un gobierno pequeño burgués que quiere conciliar con todos los sectores sociales y termina satisfaciendo a nadie.

Pero la paranoia no termina ahí. La presidenta dijo que “el capital financiero no lo quiere mucho a este gobierno”, cuando es el sector que mayores ganancias tuvo, tornándose esto más absurdo cuando se sabe que la cantidad de dinero destinada al pago de la deuda externa durante la última década se aproxima a los 180.000 millones de dólares (no es necesario hacer cálculos de lo que se puede hacer con ese dinero). En ningún momento se insinuó siquiera la intención de revisar la deuda externa argentina, la cual creció escandalosamente durante la última dictadura militar y podría declararse (por lo menos una parte) ilegítima, ilegal, fraudulenta y odiosa. No hace falte para esto realizar ningún tipo de revolución marxista ni nada por el estilo (sería iluso pedirle eso al gobierno actual), sino tan solo mirar algunos ejemplos internacionales, teniendo muy cerca el del gobierno de Rafael Correa que, sin dejar de ser capitalista, solucionó el problema del endeudamiento tras revisar las irregularidades de la deuda externa ecuatoriana. Pero eso implicaría confrontar con sectores de poder real que el kirchnerismo no quiere ni puede enfrentar por sus limitaciones de clase.



Como no podía esperarse otra cosa de un discurso pequeñoburgués conciliador, Cristina Fernández pidió tranquilidad a los sindicatos para las próximas paritarias, aprovechando de pasada para hacerle un “tirón de orejas” al burócrata líder de la CGT oficialista Antonio Caló, que tuvo el exceso de admitir en una nota que a la gente no le alcanzaba para comer, recibiendo la respuesta de la presidenta de que “ningún trabajador se muere de hambre”. El líder metalúrgico, al cual no pareció gustarle mucho el reto, estuvo observando todo el tiempo callado con los brazos cruzados, optando por una postura un tanto más digna que la del líder de la CTA oficialista Hugo Yasky, que emocionado aplaudía mientras la presidenta decía que los sindicatos deben controlar más los precios en los supermercados y exigir menos aumentos de salario. De un genuflexo de este tamaño otra cosa no puede esperarse. Por cierto, el último acuerdo de precios (se hizo solamente sobre 194 productos) está fracasando como el anterior, ya que muchos de los productos no se encuentran en las góndolas, forzando a los consumidores a comprar los artículos que no entran dentro del acuerdo de precios.

Por último, la impotencia del gobierno se evidenció, una vez más, cuando en referencia a los empresarios la presidenta planteó: “tampoco nos molesta que hayan ganado tanta plata como han ganado, pero es necesario que sigan invirtiendo en el país. Si tengo mayor demanda, que aumente la inversión para producir más”. Queda claro lo iluso que es este planteo reformista de pretender dirigir y controlar al capital privado para lograr un capitalismo racional. Si la demanda aumenta, las corporaciones aprovechan para vender más caro y ganar más dinero. El carácter contradictorio de las políticas de este gobierno tiene su origen en el anacronismo de pretender, en el siglo XXI, un capitalismo independiente dirigido por una clase burguesa con conciencia nacional (históricamente con pensamiento parasitario y especulativo) en un mundo dominado por un puñado de corporaciones. Evidentemente, la consigna de “Socialismo o Barbarie” tiene aún más vigencia que en el siglo XX.


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¿Y ahora?... ¿Qué hacemos?

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No es intención de este artículo explicar cuáles son las causas que dieron origen a la actual crisis; el por qué de la inflación, de la caída en las reservas y de la devaluación. Lo que queremos es repasar, junto a nuestros lectores, todo lo que hemos escrito y que nos habilita a poder decir, en esta oportunidad, que ni hablamos con “el diario del lunes”, ni hacemos “leña del árbol caído”.

La existencia de una estructura productiva altamente concentrada y extranjerizada es una de las causas fundamentales de la inflación y que, más allá de discursos del oficialismo, de la oposición y del empresariado, La culpa de la inflación no es del salario.

La reforma a la Carta Orgánica del Banco Central perseguía el objetivo fundamental de utilizar los fondos para pagar deuda (es curioso releer que el artículo 3° reformado dice que la finalidad de su Directorio es mantener la estabilidad monetaria, la estabilidad financiera, del empleo y del desarrollo económico con equidad social).

La falacia del des-endeudamiento; cómo este gobierno transmutó deuda probadamente ilegal a deuda legal con los canjes 2005 y 2010, cómo ha seguido creciendo el endeudamiento y de las consecuencias económicas, financieras y sociales que ocasiona seguir pagando deuda, con el sólo objetivo de dar señales claras para regresar al mercado internacional de capitales.

Dinero “oscuro”, dinero “blanqueado”, algunas decisiones del gobierno y que nos llevan a afirmar que: Las últimas medidas tomadas por el gobierno ante la necesidad de obtener dólares para las descendientes reservas del Banco Central, el arreglo para pagar juicios del CIADI y acelerar los préstamos del Banco Mundial, las reuniones con organismos financieros internacionales y el representante del tesoro norteamericano, son todos hechos que ya no dejan dudas respecto a lo que venimos afirmando: este modelo no se sostiene si no es con el retorno al endeudamiento externo.

Otras medidas significan pensar en salidas diferentes a las planteadas desde el gobierno y desde la oposición que añora el regreso a la libertad de mercado. Sin embargo, ambos tienen en común sostener una estructura económico-productiva que permanece sin cambios desde hace décadas. Transitar por otro camino significa abandonar la idea de lo posible para adoptar lo necesario para beneficio de las mayorías populares.

Deuda y modelo, cuánto asignaba el presupuesto a Salud y a Educación y cuánto al pago de deuda allápor 2012. Planteamos algunas dudas y luego de un año y medio algunas respuestas se han develado.
No preguntemos nuevamente cómo podrá seguir adelante un modelo que se sostiene en base a una economía altamente concentrada y extranjerizada. Un modelo que se financia en una parte importante con mayor endeudamiento. Un modelo que avanza sobre el diseño de una economía basada en el extractivismo. Un modelo para el cual los años de bonanza sirvieron esencialmente al capital concentrado y extranjerizado que acumuló ganancias y se las llevó al exterior. Un modelo que si bien ha otorgado algunos beneficios sociales no ha modificado elementos de la estructura económica ni productiva. Un modelo que se profundizó como agroexportador y que no logró reemplazar las importaciones con un esquema industrial nacional. Un modelo en el que, más allá de las estadísticas oficiales, muestra crecimiento de la pobreza y la desocupación. Donde ha caído el poder adquisitivo por la inflación no reconocida en los índices oficiales y porque los aumentos salariales logrados en paritarias de los trabajadores en blanco se los come, además, la retención de ganancias y el no haber aumentado el tope por el cual muchos trabajadores dejan de percibir las asignaciones familiares. Un modelo donde la tasa de empleo no registrado sigue anclada en casi 40%, y aumentan los “monotributistas” como forma de trabajo encubierto y el trabajo tercerizado. Un modelo en el que la tasa de ganancia del capital (o sea la rentabilidad sobre el capital invertido) en la década 2002-2010 se muestra superior a la del menemismo/neoliberalismo 1993-2001 (37,2% contra 24,8%). ¿Qué pasará con la deuda contraída con la ANSeS cuando ese dinero sea necesario para hacer frente al pago de los jubilados? ¿Se seguirá transitando por los caminos del endeudamiento sin que suceda lo mismo que provocó la salida de la convertibilidad a la que se la defendía como permanente e inmejorable? ¿No es acaso el tema del endeudamiento –y no del “desendeudamiento”- otro de los pilares estratégicos en el “modelo” que desde el gobierno se presenta como el mejor que ha tenido nuestro país?.

¿Dónde ponemos lo “nacional y popular” del modelo? Existe una diferenciación entre Modelo y Sistema. Además qué entendemos nosotros por lo “nacional y popular”: En el marco de la situación actual, “nacional y popular” sería tomar medidas basadas en un plan a largo plazo que tiendan a fortalecer la soberanía nacional y popular. Es decir, medidas que fortalezcan nuestra independencia, a favor de las mayorías populares y con una alta participación en sus decisiones por parte de estas. Acciones que no mueran en la coyuntura y que tiendan a transformar de fondo la realidad del pueblo. Que tengan como eje cambios en la forma de propiedad, en el qué se produce, quién, cómo y para quienes se produce.

El kirchenrismo, bajo “las corpos”, ha puesto siempre por delante el “enemigo” ante el cual nos convoca a cerrar filas: el “Campo”, el grupo Clarín, la derecha destituyente, la petrolera Shell, el empresariado que “la junta con pala” (en referencia a las ganancias). Acordamos con que éstos (y muchos otros a los que el gobierno beneficia) son “el enemigo”, no porque lo diga el kirchnerismo sino porque defienden un capitalismo, más o menos salvaje (al igual que este gobierno). No somos utópicos los que luchamos por otro modelo de país, sí lo son quienes imaginan una salida dentro del capitalismo, haciendo reformas y retoques que siempre terminan en crisis, que son inherentes a este sistema.

Asignar exclusivamente la responsabilidad de la situación actual al capital en sus diversas expresiones (financiera, industrial, agropecuaria, comunicacional, etc) es una parcialidad; porque es obvio que los capitalistas buscan hacer negocios, mantener la tasa de ganancia y para conseguirlo presionan contra los gobiernos cuando comienzan a representar un mínimo obstáculo. Esa película la vimos varias veces en Argentina y en otros países del mundo. Por lo tanto, la mayor responsabilidad es de los gobiernos (en este caso el actual) que le habilitan las condiciones (por acción u omisión) para posibilitárselos. No hay excusas. Diez años de kirchnerismo, con los primeros de despegue económico y consenso, no fueron utilizados para avanzar en otro modelo de país, con otros actores sociales y políticos.

Hoy hablamos de pobreza, marginalidad, trabajo precario; de planes sociales y asignaciones que este gobierno ha convertido en línea de acción permanente (no ya de una coyuntura que planteaba la necesidad de asistir a los más afectados post crisis 2001). La inflación no es una novedad, ya existía cuando el INDEC fue intervenido (y por eso lo fue). La devaluación de la moneda (provocada por Shell o por el gobierno, según quien la relate), no golpea ni golpeará a funcionarios, ni al empresariado que siempre se cubre para no perder, ni a las “corpos”. Los perjudicados de siempre son y serán quienes viven de una entrada fija, los asalariados en sus diversas formas, los pobres y los marginales.

Ante la primera devaluación oficial, el gobierno toma medidas que buscan controlar la inflación y el valor del dólar, cuya cotización incide en la producción transnacionalizada de nuestra economía: reforzar el acuerdo de “Precios Cuidados”, subir las tasas de interés para inducir al ahorro en pesos argentinos, flexibilizar la compra de divisas para atesorar, limitar la entrega de dólares para las importaciones, son algunas de ellas.

Son medidas de coyuntura. Lo que subyace sigue intacto: una deuda en crecimiento, componente financiero de la inflación, una economía concentrada y extranjerizada, basada en la producción primaria agroindustrial, en la fabricación de autos, en la construcción de viviendas (que solo pueden comprar las clases media y alta) y con la actividad financiera como el sector más rentable. (En 2013 acumuló ganancias superiores a $ 26 mil millones, un 34 % más que el año anterior).

Con este modelo- aunque pueda ser probable que algunas de las medidas de coyuntura funcionen- la crisis volverá a estallar y, como siempre ocurre, el capital quedará a salvo.

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